Mi familiar con Alzheimer no quiere acudir al especialista

De manera bastante frecuente, ocurre que un paciente con Alzheimer u otra demencia, se niegue a acudir al neurólogo o a realizar algún tipo de tratamiento, como es la estimulación cognitiva o fármacos, para beneficio de la enfermedad.

Esta situación crea una gran frustración en sus familiares que detectan la importancia de ponerse en manos de un especialista.

Los principales motivos por los que el paciente suele negarse son:

Falta de conciencia de la enfermedad.

Es común que no sea consciente de sus limitaciones cognitivas o solo en cierto grado. Por este motivo piensan que no necesitan ningún tipo de tratamiento. Las personas que son plenamente conscientes de sus dificultades, como ocurre con otro porcentaje de pacientes con deterioro cognitivo, suelen preocuparse y participar activamente en su tratamiento.

Querer encubrir sus limitaciones y posponer afrontar la realidad.

El acudir a un centro especializado en estas patologías es un choque con la realidad. Nadie quiere sufrir una enfermedad neurodegenerativa de este tipo, y existe una tendencia a pensar que si no detectan nada y no trabajan en ello no están tan mal.

Culpabilizar a la edad.

Muchos de los pacientes achacan a sus años las limitaciones que padecen y piensan que es imposible por este motivo ponerle ningún remedio. Esto no es cierto, la vejez no es sinónimo de enfermedad, y tener más de 65 años no significa que ya no podamos tener una buena calidad de vida. No todas las personas mayores sufren demencia.

Debido a los motivos mencionados, no es fácil convencer a un familiar para acudir a un tratamiento. Algunas de las estrategias que los familiares pueden utilizar son las siguientes:

 

No discutir.

Las personas con Alzheimer suelen tener alterada su capacidad de razonamiento, no siendo conveniente discutir con ellas debido a que solo conseguiremos que se pongan a la defensiva.

-No encubrir la patología.

Existe una idea errónea de que hay que ocultarles la enfermedad a los pacientes para evitarles sufrimiento, pero hacer como si no existiese ningún problema y evitando a toda costa que el paciente se dé cuenta, solo se conseguirá agravar el problema.

Para que un paciente participe en su tratamiento con la intensidad suficiente, debe ser consciente de por qué lo necesita.

Comenzar el tratamiento gradualmente.

Es cierto que la estimulación cognitiva es más efectiva cuando se realiza varios días en semana. No obstante, para conseguir una buena adherencia al tratamiento, puede ser recomendable comenzar con 1 sesión a la semana consiguiendo que el paciente cree una buena relación con su terapeuta y disminuya sus miedos y reticencias hacia la terapia.

Explicar los motivos reales de por qué es importante el tratamiento.

El motivo principal de realizar estimulación cognitiva y del tratamiento farmacológico es conseguir estabilizar el curso de la enfermedad y enlentecer el proceso degenerativo. Esto va a hacer que la persona sea lo más autónoma y funcional posible por más tiempo. Por el contrario, si decidiese no participar podría avanzar rápidamente.

No le quite autoridad.

No es adecuado decirle al paciente que no es capaz de decidir, que ha perdido el juicio, que no tiene razón, que no quiere hacer nada por recuperarse o que está haciendo sufrir a su familia. Muchas veces la problemática reside no en qué decimos sino en cómo lo decimos. Una buena forma de comunicárselo sería decirle que pruebe, que la decisión de realizar el tratamiento es suya, pero que sus familiares le quieren y piensan que sería bueno para él, que no tiene nada que perder, pero sí mucho que ganar.

 

 

 

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